Por Sole Herrera. El 21 de septiembre en Argentina es una fecha cargada de símbolos: se celebra el Día del Estudiante, la llegada de la Primavera y el Día de la Sanidad Argentina. Tres conmemoraciones que unen juventud, educación, renovación y el valor de quienes cuidan la salud de todos.
Tradicionalmente, miles de jóvenes se reúnen en plazas y parques para dar la bienvenida a la primavera, en una jornada festiva que evoca esperanza y vitalidad. Sin embargo, este año la fecha se resignifica en un contexto atravesado por la discusión sobre el financiamiento educativo y sanitario, y cobra un tono de reflexión y lucha colectiva.
El Día del Estudiante tiene su raíz en la repatriación de los restos de Domingo Faustino Sarmiento, pero hoy la conmemoración trasciende lo histórico: es un recordatorio del valor de la educación pública, gratuita y de calidad, que enfrenta permanentes cuestionamientos y restricciones presupuestarias.
En los últimos días, las universidades públicas de todo el país salieron a las calles para rechazar el veto presidencial a la Ley de Financiamiento Universitario. En Comodoro Rivadavia, la marcha, que fue multitudinaria partió desde la sede de la UNPSJB y culminó en el Centro Cultural con un acto central. La protesta también incluyó el rechazo al veto de la ley que buscaba otorgar más recursos al Hospital Garrahan, símbolo del acceso a la salud pediátrica en Argentina.
En paralelo, el Día de la Sanidad recuerda desde 1941 a los trabajadores de la salud, que con esfuerzo cotidiano sostienen un sistema que, pese a la falta de recursos y a la discusión política, aún sigue siendo gratuito, público y universal.
Por eso, este 21 de septiembre no solo hay motivos para celebrar: hay también razones para concientizar y defender lo que nos pertenece como sociedad. Porque, a pesar de la lucha constante y del cuestionamiento permanente, aún tenemos la posibilidad de estudiar en una universidad pública, de recibir atención médica en un hospital, de acceder a derechos conquistados que deben seguir siendo irrenunciables.
Las nuevas generaciones creerán que siempre esto fue así, pero antes el derecho a ir al jardín, a la primaria, secundaria y universidad pública y de calidad no existía; incluso en otros países no lo tienen. Por eso hoy debemos luchar para que estos derechos no se pierdan, para que las generaciones que vienen sigan gozando de lo que tantas luchas conquistaron.
Este 21 de septiembre, más que celebrar, renovemos nuestro compromiso con la educación y la salud públicas, con la juventud y con la vida. Sigamos defendiendo lo que nos pertenece como sociedad, porque cada paso que damos para cuidar estos derechos es un paso hacia un futuro más justo, más libre y más lleno de oportunidades para todos.
Porque celebrar también es recordar que podemos y debemos seguir construyendo un país donde la educación y la salud sean un derecho para todos, hoy y siempre.










